28/5/10

Adios

Cómo escribirte si sentir tristeza en mi interior sabiendo
que lo que fue, no será y lo que no fue, jamás volverá a ser..
Cómo no sentir pena de la última charla, en la que la esperanza
aún latente de que todo sea como una vez soñé, se vuelva realidad...
Cómo no morder mi labio al ver aquella foto en la que la despedida
estaba a flor de piel, pero como un niño imaginaba que solo era el comienzo, dándome cuenta unas horas más tarde que nunca hubo comienzo, menos aún fin.
Cómo no recordar, si de esos recuerdos vive aquella ilusión de que en algún momento de esta vida cuando estés solo y saliente en tú habitación recuerdes esa última tarde...
Y qué hago con ese cd que escuchaba solo para sentirte cerca?
Y qué hago con esa promesa fundada sobre aquel cigarrillo?
Y qué hago con esa carta  escrita de tu puño y letra que solo me dice adiós sin decir "nos volveremos a ver"...
Y qué hago con el mar de lagrimas que junto hace unos meses?
Podría hacer una pequeña laguna y dejarla en esa plaza a la que tanto te gusta ir, para que cada vez que sientas el salado aroma de ese llanto quizá recuerdes que alguien te quiso.
Y escuchando a Emilio Cardone, solo pienso en el momento de "Matarte en la siesta" y sin ser tan literal quizá un poco utópica, desearía que se repitiera ese momento para hacer lo que no me animé.
Pero del lamento me rehúso a vivir y por eso esta estúpida despedida que jamás leerás, hará que siga mi camino sin volver a mirar atrás y recuerde que en Mendoza un otoño amarillo me robó el corazón. 

El único vestigio.

Otoño en Mendoza

No es lo mismo el otoño en Mendoza,
hay que andar con el alma hecha un niño.
Comprenderle el adiós a las hojas
y acostarse en su sueño amarillo.

Tiene el canto que baja la acequia
una historia de duendes de agua.
Personajes que un día salieron
a poblarnos la piel de tonadas.

La brisa traviesa
se ha puesto a juntar
suspiros de nubes
cansadas de andar.
Esta lluvia que empieza en mis ojos
no es más que un antojo de la soledad.


Es posible encontrar cada nombre
en la voz que murmuran los cerros.
El paisaje reclama por fuera
nuestro tibio paisaje de adentro.

Ser la tarde que vuelve en gorriones
a morirse de abrazo en el nido
y tener un amigo al costado
para hacer un silencio de amigos.

La tarde nos dice
al llevarse al sol
que siempre al recuerdo
lo inicia un adiós.
Para quien lo ha vivido en Mendoza
otoño son cosas que inventó el amor.

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